Aquí me encontraba cerca de Mavora Lakes, luego de 65 kms de terracería, ante una tormenta. Ese y el día siguiente, fueron de los días más bonitos que viví en ese viaje en bicicleta por Nueva Zelanda. Se me presentaba un valle alargado, entre dos cadenas montañosas que protegían el paraje de las poblaciones humanas... y que además convertían el espacio en el primer paisaje abierto que no estaba atosigado por vallas para ganado.
El día comenzó muy soleado, caluroso y lleno de "sandflies" (las malditas mosquitas chupasangre que atacan en ejércitos). Justo al comenzar la terracería, me encontré con una camioneta que venía hacía mí, golpeada, con el parabrisas y la lámina doblada, que se había volteado recientemente a cien metros. Afortunadamente el conductor solo sangraba un poco de la mano y ya pedía ayuda por teléfono. No hice mucho más que ofrecerle agua y seguí mi camino.
Encontré a una pareja de empolvados ciclistas en sentido opuesto que me dieron la buena noticia que estaba pedaleando en el sentido correcto de la pendiente por esa larga terracería. Uf! Que bueno saberlo.
Antonio

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