A partir de Moeraki gocé de la agradable compañía de mi alter-ego francés,
Antoine, hasta Invercargill. Resulta que, como mencioné antes, es un jardinero,
talvez único en el mundo, pues se dedica a mantener un jardín floreado para el
deleite de las mariposas que migran entre Europa, Asia y África y en su jardín
encuentran un descanso y un festín de pólenes y colores. Él es muy feliz, y en
invierno siempre tiene vacaciones que utiliza para viajar por el mundo.
Realmente un tipo interesante… y además
nunca faltaba el buen vino, cerveza o queso que compartía con su más económico
compañero mexicano: yo.
Llegar a la ciudad de Dunedin no es cosa fácil. Es un antiguo puerto de
migrantes irlandeses que se refugia en una bahía cerrada frente a la península
de Otago y se esconde bajo las colinas circundantes. Las casas verticales y de
madera, con techos muy inclinados, en efecto me recordaban un barrio viejo de Londres
o películas sobre Irlanda y Escocia. También el clima, nublado, frío y con una
constante y tenue lluviecita. La subida por las colinas fue gustosamente solitaria,
pero empinada y larga. Luego el rápido descenso hacia Port Chambers y por la
costa hasta el centro de la ciudad. Yo tuve la fortuna de quedarme con Lucia,
de República Checa, vivaracha y cálida persona que me llevó a conocer a su
amiga finlandesa Annie y su novio mexicano, Julio. Obviamente hicimos lo
bebido, que diga.. lo debido: beber y comer alegremente!
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| Yo, Annie, Jaime y Lucia. |
Antoine se quedó
ermitañeando en un camping… Al día
siguiente Lucia me llevó a conocer los jardines de la ciudad y yo, eventualmente,
decidí pedalear “La calle más inclinada del mundo” Baldwyn Street. A pesar de
mi fabulosa técnica de zigzageo, no logré la cima sin bajar los pies de los
pedales, en parte por la lluvia que hacía resbalosa la calle y que mojaba mis
incómodos y apretados jeans. Así pues, me quedé a escasos metros de la cumbre y
caminé los últimos metros ante la mirada decepcionada de mis fans! Jaja! Otra
cosa hermosa de la ciudad son la estación de tren y la universidad, que de
verdad parece un palacio de Lords y Sires que se juntan a debatir el destino de
Camelot.
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Dunedin.
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A la mañana siguiente visitamos Tunnel Beach, una playa bonita entre
acantilados a la que se llega por un túnel en la roca. Pedaleamos por la costa
pocos kilómetros y encontramos un camping gratuito. Pero el día siguiente fue
un poco más pesado pues tuvimos que retomar la Ruta 1 con su pesado tráfico y
viento en contra. Llegamos al desangelado Balclutha dónde comimos hamburguesas
en un local chino. Luego tomamos la “Scenic Route” y todo mejoró camino a
Nugget Point, una singular entrada de la tierra al mar con un pintoresco Faro.
Luego de buscar horas un sitio para acampar, decidimos dormir en un
baño/vestidor en la playa del pueblo… yo, con un poco de miedo de que nos
multaran o cualquier cosa.
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| Antoine "acampando" en un vestidor. |
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| Nugget Point. |
Bueno, los siguientes dos días cruzamos bosques, visitamos una cascada y
sobre todo bordeamos la costa sur de la isla, muy famosa por su belleza,
conocida como The Catlins. En ese trayecto visitamos también un bosque
fosilizado a orillas del Mar por donde paseaba un pingüino de cabeza amarilla.
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| Las costas en the Catlins. |
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| Bosque de helechos gigantes. |
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| Bosque fosilizado. |
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| Pingüino de paseo. |
Finalmente llegamos a Invercargill, dónde yo me quedé con Wilson y su
compañera de casa Emmerald. Eran unos muy jóvenes y simpáticos músicos, muy
independientes, con mucho talento y muy divertidos, definitivamente lo mejor de
la ciudad. Invercargill no tiene nada de bonito, salvo un antiguo depósito de
agua que observa a la ciudad desde lo alto, la Water Tower. Fuera de eso es un
pueblo gris, feo, aburrido, ignorante, frío y llano… sinceramente. Con el
pretexto de mi alergia en los ojos y no poder comunicarme con mi madre, decidía
si esperar a Antoine de su viaje a Stewart Island, la parte más indómita de
Nueva Zelanda, o partir sólo. A pesar de que lo esperé indeciso un par de días,
aposté por la libertad de mi viaje en solitario y por no colgarme con mis
anfitriones. Salí de Invercargill por la mañana del 13 de diciembre hacia el
oeste y luego hacia el norte.
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