viernes, 23 de diciembre de 2011

Dejamos Atlangatepec, continuamos por la misma pista que va hacia la presa de Necaxa, a partir de aquí empieza a cambiar el paisaje, bajaditas y subiditas mientras nos metíamos a la Sierra. Llegamos a Nuevo Necaxa, orgulloso pueblo donde se construyó la primera presa hidroeléctrica en México, por ahí de 1902. Se podría decir que mantiene una huela perene por la disolución de Luz y Fuerza del centro, pero la presa sigue operando bajo el mando de la paraestatal CFE. Envueltos en un clásico clima serrano de nubes y llovizna, llegaba la navidad sin muchas pretensiones. La gente pasaba como un día cualquiera.
Nos quedamos en un hotel "nice" pa relajar las piernas, y ponernos guapos pa la cena de navidad la cual empezamos en el bar "la Chepis", cantina atendida por dos señoras de entre 60 y 70 años a las cuales no te atrevías ni siquiera a medio levantarles la voz. El otro comensal a parte de nosotros, era un señor que llevaba no menos de dos días bebiendo, por lo que intercambiar algunas palabras con el fue algo complicado. Después de dos cervezas nos fuimos a buscar algo más interactivo, llegamos al bar Necaxa, lugar de categoría visitado por los electricistas oriundos. Pasaron las horas y al calor de las cubas y las cervezas, aunado a la cálida luz roja, un Bart Simpson de peluche y los bonitos cuadros de perros jugando billar, las ficheras empezaron a bailar. La gente se puso contenta y claro que nos echamos unas cumbias mal bailadas, era noche buena.
El 25 de diciembre no se trabaja y menos se pedalea. Nuestro estado de salud general nos incapacitó seguir avanzando ese día, nosotros le echamos la culpa al clima.

jueves, 22 de diciembre de 2011

La ruta de Cortés, pero al revés.

En el 2008 me rompí un hueso de la mano, el escafoides, fue todo un calvario. Me caí en la montaña justo antes de iniciar la escuela y a partir de ese momento se terminó la bici de montaña para mi, por eso es que esto de viajar se convirtió en la opción. Para finales de 2011 estaba planeando otro viaje, ahora me acompañaría Rogelio, otro que ha encontrado en la bici una forma de vida. El ya tenía la experiencia de un viaje aquí, en México. Decidimos ir a la playa. El 22 de diciembre 2011 salimos con la esperanza de tener un buen viaje. Por ahí de las 6 am salimos de la colonia Narvarte en el DF, rumbo a Xochimilco. En el cruce de División del Norte y Miguel Ángel de Quevedo nos encontramos con Tzolkin, una gran amiga fanática de aventuras y con una pila interminable. Ella nos acompañó (arrastró) hasta Puebla, el motivo de su deserción, el amor. De Xochimilco tomamos la carretera que va hacia Oaxtepec subiendo por las nopaleras de Milpa Alta, que al amanecer vale la pena visitar.
En la carretera nos encontramos con un colega viajero que tenía un plan un poco mas intenso, iba sólo a la ciudad de Oaxaca. Traía una bici de montaña doble suspensión de esas que nomás de verla ya te pesa, mis respetos para el campeón. Nos paramos al refrigerio en un mirador que veía hacia el oriente, directo a los volcanes.
Llegamos a Amecamenca después de 7 horas de viaje y los primeros 73Km. Ya que empieza a calar el trasero se viene un día que requiere de paciencia, subir un desnivel de como 1,300m en 28 Km, eso implica ir sentado y sin dejar de pedalear por aproximadamente 6 hrs. Paso de Cortés es el punto mas bajo entre el Iztaccihuatl (5,300m) y el Popocatepetl (5,500m). De Aquí se puede ir a la base de los dos volcanes para subirlos, o seguir de frente hacia Puebla.
Que frío hace allá arriba, Todo amaneció escarchado. Tzolkin durmió en medio de los dos, bien agusto, hasta roncaba. A Rogelio y a mi se nos congelaba la parte que estuviera en contacto con la tienda y cada tanto había que girar.
bajamos como en 3 horas a Cholula, de ahí a Puebla esta todo urbanizado fueron como 2 hrs más. Llevámos 157Km hasta Puebla, aquí nos despedimos de Tzolkin y salimos hacia la ciudad de Tlaxcala, mucho tráfico, topes, trenes, gente, humo... y dejando la zona industrial en la parte norte del estado de Tlaxcala, inicia el despoblado. Llanuras enormes con la tierra recién cosechada de diferentes especies de granos, todo amarillo. Terminamos en la laguna de Atlangatepec después de 82Km, un lugar muy bonito con un poblado a orilla de la laguna, muchos ranchos ganaderos, mas campos de cultivo y un enorme espejo de agua. Haciendo la forma de una herradura, se mete en la laguna una loma que domina el valle, la acampada aquí cumple con todos los requisitos; buena vista, tranquilidad y leña. En la mañana no se veía nada, todo bajo la neblina que se iba despejando y dejando ver poco a poco la extensión de agua, como si fueran jalando una sábana.
Seguimos en dirección norte y un leve hacia el este por la carretera de cuota que llega hasta Necaxa. Se viaja muy agusto porque tiene un acotamiento grande, lo único es que los coches van echos la madre. Avanzamos otros 82 Km y llegamos a otra laguna, la del Tejocotal. Localizada entre los estados de Puebla e Hidalgo. Está rodeada de un bosque de pinos con los troncos muy pegados entre ellos, cuando terminan, sales a una playa de pasto que rodea muy parejito la orilla. Como estuvo lloviendo, prender la fogata no fue tan fácil, igual se logró. Amaneció lleno de nubes otra vez, frío y muy húmedo.
Ya desde el trayecto entre las lagunas el cuerpo empieza a adaptarse mejor a la bici. Te empiezas a sentir bien, las ideas se van organizando y los peores achaques empiezan a desaparecer, como el dolor de culo y en lo particular, no soporto el cuello, me dan unas punzadas bien duras. Ricardo

martes, 20 de diciembre de 2011

NZ: Mavora Lakes

Aquí me encontraba cerca de Mavora Lakes, luego de 65 kms de terracería, ante una tormenta. Ese y el día siguiente, fueron de los días más bonitos que viví en ese viaje en bicicleta por Nueva Zelanda. Se me presentaba un valle alargado, entre dos cadenas montañosas que protegían el paraje de las poblaciones humanas... y que además convertían el espacio en el primer paisaje abierto que no estaba atosigado por vallas para ganado. El día comenzó muy soleado, caluroso y lleno de "sandflies" (las malditas mosquitas chupasangre que atacan en ejércitos). Justo al comenzar la terracería, me encontré con una camioneta que venía hacía mí, golpeada, con el parabrisas y la lámina doblada, que se había volteado recientemente a cien metros. Afortunadamente el conductor solo sangraba un poco de la mano y ya pedía ayuda por teléfono. No hice mucho más que ofrecerle agua y seguí mi camino. Encontré a una pareja de empolvados ciclistas en sentido opuesto que me dieron la buena noticia que estaba pedaleando en el sentido correcto de la pendiente por esa larga terracería. Uf! Que bueno saberlo.
Antonio

martes, 13 de diciembre de 2011

NZ parte 2: Moreaki a Invercargill con Antoine



A partir de Moeraki gocé de la agradable compañía de mi alter-ego francés, Antoine, hasta Invercargill. Resulta que, como mencioné antes, es un jardinero, talvez único en el mundo, pues se dedica a mantener un jardín floreado para el deleite de las mariposas que migran entre Europa, Asia y África y en su jardín encuentran un descanso y un festín de pólenes y colores. Él es muy feliz, y en invierno siempre tiene vacaciones que utiliza para viajar por el mundo. Realmente un tipo interesante…  y además nunca faltaba el buen vino, cerveza o queso que compartía con su más económico compañero mexicano: yo.

Llegar a la ciudad de Dunedin no es cosa fácil. Es un antiguo puerto de migrantes irlandeses que se refugia en una bahía cerrada frente a la península de Otago y se esconde bajo las colinas circundantes. Las casas verticales y de madera, con techos muy inclinados, en efecto me recordaban un barrio viejo de Londres o películas sobre Irlanda y Escocia. También el clima, nublado, frío y con una constante y tenue lluviecita. La subida por las colinas fue gustosamente solitaria, pero empinada y larga. Luego el rápido descenso hacia Port Chambers y por la costa hasta el centro de la ciudad. Yo tuve la fortuna de quedarme con Lucia, de República Checa, vivaracha y cálida persona que me llevó a conocer a su amiga finlandesa Annie y su novio mexicano, Julio. Obviamente hicimos lo bebido, que diga.. lo debido: beber y comer alegremente! 

Yo, Annie, Jaime y Lucia.

Antoine se quedó ermitañeando en un camping…  Al día siguiente Lucia me llevó a conocer los jardines de la ciudad y yo, eventualmente, decidí pedalear “La calle más inclinada del mundo” Baldwyn Street. A pesar de mi fabulosa técnica de zigzageo, no logré la cima sin bajar los pies de los pedales, en parte por la lluvia que hacía resbalosa la calle y que mojaba mis incómodos y apretados jeans. Así pues, me quedé a escasos metros de la cumbre y caminé los últimos metros ante la mirada decepcionada de mis fans! Jaja! Otra cosa hermosa de la ciudad son la estación de tren y la universidad, que de verdad parece un palacio de Lords y Sires que se juntan a debatir el destino de Camelot.

Dunedin.
A la mañana siguiente visitamos Tunnel Beach, una playa bonita entre acantilados a la que se llega por un túnel en la roca. Pedaleamos por la costa pocos kilómetros y encontramos un camping gratuito. Pero el día siguiente fue un poco más pesado pues tuvimos que retomar la Ruta 1 con su pesado tráfico y viento en contra. Llegamos al desangelado Balclutha dónde comimos hamburguesas en un local chino. Luego tomamos la “Scenic Route” y todo mejoró camino a Nugget Point, una singular entrada de la tierra al mar con un pintoresco Faro. Luego de buscar horas un sitio para acampar, decidimos dormir en un baño/vestidor en la playa del pueblo… yo, con un poco de miedo de que nos multaran o cualquier cosa.

Antoine "acampando" en un vestidor.

Nugget Point.

Bueno, los siguientes dos días cruzamos bosques, visitamos una cascada y sobre todo bordeamos la costa sur de la isla, muy famosa por su belleza, conocida como The Catlins. En ese trayecto visitamos también un bosque fosilizado a orillas del Mar por donde paseaba un pingüino de cabeza amarilla.

Las costas en the Catlins.

Bosque de helechos gigantes.

Bosque fosilizado.

Pingüino de paseo.

Finalmente llegamos a Invercargill, dónde yo me quedé con Wilson y su compañera de casa Emmerald. Eran unos muy jóvenes y simpáticos músicos, muy independientes, con mucho talento y muy divertidos, definitivamente lo mejor de la ciudad. Invercargill no tiene nada de bonito, salvo un antiguo depósito de agua que observa a la ciudad desde lo alto, la Water Tower. Fuera de eso es un pueblo gris, feo, aburrido, ignorante, frío y llano… sinceramente. Con el pretexto de mi alergia en los ojos y no poder comunicarme con mi madre, decidía si esperar a Antoine de su viaje a Stewart Island, la parte más indómita de Nueva Zelanda, o partir sólo. A pesar de que lo esperé indeciso un par de días, aposté por la libertad de mi viaje en solitario y por no colgarme con mis anfitriones. Salí de Invercargill por la mañana del 13 de diciembre hacia el oeste y luego hacia el norte.

domingo, 4 de diciembre de 2011

NZ parte 1: de Christchurch a Moeraki

De Christchurch a Moeraki.

Los primeros días, siempre son un poco difíciles. La inercia de seguir sentado en una sala caliente se opone al masoquista deseo de pedalear bajo la lluvia y el frío. Y yo estaba mal preparado para enfrentar a los elementos. No llevaba un pantalón impermeable y en Nueva Zelanda llueve mucho. En Ashburton visité a mi amiga taiwanesa Hsin Lu con quién, disfruté mi primera hamburguesa en la ruta… y aunque fui insistente para dormir en su patio, su casero no le permitió visitas y decidí continuar mi camino para acampar fuera de la ciudad. Los primeros kilómetros del viaje fueron llanos, aburridos, con mucho tránsito y ruidosos, pues iba al sur por la Ruta 1 (principal) de la Isla Sur. 

La tercera noche llegué a Pleasant Point, donde Annie Mulvaney y su hijo Daniel me dieron una acogida kiwi y me llevaron al bar al aire libre local para escucharlos tocar junto a los otros músicos del pueblo. Ahí además me repuse de la alergia y compré cosas como los pantalones impermeables y un sleepin bag pequeño para combinar con el mío y no titiritar en las noches del sur. Después empezó lo bueno, me desafané de la Ruta 1 y comencé a subir hacia las montañas centrales por la pintoresca Ruta 8, en el camino, además de tener a las cimas nevadas de horizonte, divisé flores, borregos, vacas, toros, venados, conejos, alpacas y llamas. 

La subida.


Al día siguiente llegué al famoso Lake Tekapo, de brillantes aguas color azul COMEX y ahí me encontré con Ganesh, el singular moreno malayo de gran sonrisa. Al día siguiente quisimos probar nuestra sangre tropical en las gélidas aguas del lago… y definitivamente no eran para nosotros. Luego por la tarde, decidimos caminar al observatorio que había en las afueras del pueblo y cabe mencionar que no lo hicimos por ningún camino ni vereda. 

Lake Tekapo.
Ganesh y yo cerca del observatorio de Lake Tekapo.

El primero de Diciembre cada quién partió por sus medios, yo en bicicleta de nuevo hacia la costa y el a dedo. Yo disfruté mucho de ir por una carretera privada a lado de un canal de agua azul turquesa durante kilómetros. Esa noche cuando acampé perdí el odómetro, pero milagrosamente lo encontré en las aguas transparentes del arroyo que acababa de cruzar y luego me bañé en el helado río. El trayecto al día siguiente fue largo (127 km), soleado y con mucho viento. Pasé por Kurow, el humilde pueblo dónde creció Richie McCaw, capitán del equipo nacional de Rugby los All Blacks… héroe y sex symbol nacional. Y llegué de nuevo a la costa al poblado colonial de Oamaru, hermosa ciudadcita victoriana que alguna vez fue un puerto exitóso y que ahora era refugio de los pingüinos azules y de ojo amarillo. Pasé un día de turista y descansando, conociendo el lugar y disfrutando una de las pocas ciudades con arquitectura histórica. 


Graffiti en Oamaru.

Calle de almacenes coloniales en Oamaru.

 Al día siguiente partí de nuevo hacia el sur por la costa, primero por un hermoso camino abandonado por deslaves y luego por la congestionada Ruta 1. 


Carretera accidentada camino a Moeraki.

En ese tramo unos tipos me hicieron señales para detenerme en un local de “Chips” y ahí estaba Antoine, quien pedaleaba la misma ruta, cargaba una Canon y tenis Salomon… en fin, la única diferencia era que era jardinero en un jardín para mariposas viajeras, al sur de Francia. Esa tarde fuimos juntos a Moeraki Boulders –rocas esféricas en la playa- y continuamos varios días así hasta llegar a Invercargill…


Antoine contemplando en Moeraki Boulders.